La Represión. Clarificando el uso y abuso de este mecanismo defensivo.

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Todos en algún momento de nuestra vida y bajo ciertas circunstancias reprimimos nuestras emociones, a manera de demostrar ante nuestro entorno, un mayor nivel de energía física o psíquica. Sin lugar a dudas, el mecanismo defensivo de la represión se presenta, aunque muy sutilmente tanto de manera espontánea como automática en el comportamiento del ser humano.

Un claro ejemplo de lo que la represión representa, podría graficarse a través de la vivencia de una situación laboral cotidiana, como aquella que significa exponer un nuevo proyecto frente a un público determinado, sean colegas o clientes, ante quienes llegado el momento de actuar, nos corresponderá conferir una respuesta de nivel asertivo y racional. Con ello, intentaremos convencer a dicho público, a través de nuestras ideas y conceptos, con el fin de alcanzar el propósito previsto. Sin embargo de manera paralela, a nivel emocional, en nuestro interior, pudiéramos estar atravesando circunstancias difíciles de afrontar emocionalmente hablando, que sin querer dejar observar ante los demás, hagan descender nuestras funciones ejecutivas, afectando en mayor o menor medida nuestra capacidad de organización, planificación, percepción, atención, memoria, entre otras.

Bajo este tipo de circunstancias, la represión, podría verse como una válvula de escape que nos permita, mantenernos racionales y objetivos la suficiente cantidad de tiempo, como para cumplir de manera responsable y fructífera el objetivo prefijado.

Sin embargo, existe otra adaptación del uso de la represión en nuestras vidas. Es aquella que subyace en renegar de nuestras emociones y sentimientos, es decir, saber que estamos atravesando alguna circunstancia que amerita ser analizada y aclarada, para ser superada, pero que a nivel consciente y de manera deliberada no queremos o al menos pensamos, que no podemos afrontar. Por ende al final, decidimos olvidarlo todo o al menos constantemente intentamos no pensar en ello, para no traer dichos recuerdos dolorosos o abrumadores a nuestra mente y así evitar el dolor o confusión subyacente.

Cuando nosotros mismos, aun conociendo que existen problemáticas que se encuentran afectándonos enormemente en nuestro interior, y que además de saberlo, decidimos no prestarle la correspondiente atención, en pro de la búsqueda de soluciones, entonces simplemente estamos auto engañándonos, a través de pensamientos mágicos, desde una perspectiva pasiva, según la cual, nos expondremos la hipótesis de que, será el tiempo o la vida, quienes logren suministrar las debidas soluciones hacia nuestros problemas no resueltos.

Esto nos lleva a adquirir malos hábitos en nuestra manera de pensar, es decir, no confiar en nuestras propias capacidades, llegando por ello a sentirnos víctimas de las circunstancias que nos rodean. Esto no es otra cosa, que el resultado de no confiar en nuestra propia capacidad de autocontrol y resolución de nuestros problemas desde una perspectiva racional.

Esta actitud, irremediablemente desembocará en que con el paso del tiempo, nuestras emociones dolorosas y pensamientos reprimidos, serán inevitablemente sustituidos por otro mecanismo denominado como la “supresión”, es decir, el hecho de que dejaremos de recordar a nivel consciente, aquello que se reprimió fuertemente, en su debido momento.

La solución ante esta disyuntiva, resulta en asumir un mayor control de nuestros pensamientos y emociones, buscando continuamente ser más conscientes de aquellos aspectos no asimilados, que se encuentran afectándonos e interfiriendo negativamente en alguna esfera de nuestra vida.

Eh aquí, que se torna importante aprender a asumir la idea de que podemos ejercer una mayor auto vigilancia a partir de un “Locus de Control Interno”, es decir, aquella actitud de no proyectar la culpa solo hacia los demás o de sentimos como meras víctimas de las circunstancias, sino que antes bien, confiar plenamente nuestras posibilidades y racionalidad para resolver aquellos asuntos pendientes de resolución en nuestro mundo interior.

Si al leer los anteriores párrafos, te has sentido identificado con esta forma de reaccionar ante los conflictos personales sin prestarles la debida atención, o si sientes que el victimismo de a poco ha empezado a invadir tus espacios interiores, y además, no te sientes capaz de resolver por cuenta propia tus conflictos internos, no reprimas.

En vez de ello, enfócate en buscar las soluciones más adecuadas, hazlo escribiendo acerca de lo que te preocupa, o consultando amistades sabias, libros de consulta o webgrafía que te permita encontrar soluciones acertadas.

Más si aun después de todo, no encuentras lo que buscas, no te olvides de buscar el apoyo psicoterapéutico de un profesional, para resolver aquellos incesantes conflictos que te hacen reprimir, recuerda que de ti depende enfrentarte al problema o evitarlo.

Nos encontraremos Dios mediante en una próxima entrada. Feliz semana!!

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Dr. Jorge Alex Pedraza Medina

Autor desde:  8 octubre, 2017

Psicoterapia orientada hacia niños, adolescentes y adultos con enfoque Humanista Integrativo, 15 años de experiencia a nivel Prevención, Diagnóstico e Intervención Clínica.

Psicólogo Clínico para BISA SEGUROS S.A.
Psicólogo Clínico para NACIONAL SEGUROS VIDA Y SALUD S.A.
Psicólogo Clínico para ALIANZA Grupo Asegurador