La prisión del viento. Ser libre más allá de nuestras taras mentales.

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El existencialismo afirma de una u otra manera, que el hecho de vivir en sí mismo, significa a su vez sufrir, y que por lo tanto, el sobrevivir significa hallar un claro sentido al sufrimiento.

Viktor Frankl llevó este concepto de la ficción a la realidad.

Frankl fue uno de los más grandes y reconocidos psicólogos del siglo XX. Al día de hoy sus enseñanzas hacen parte en la formación y terapia dentro de la Psicología Clínica.

Su historia nos narra que debido a las terribles consecuencias de la segunda guerra mundial, perdió, su trabajo, su prestigio, posición social, y sobretodo a su familia en aquellos dolorosos entresijos provocados por el genocida régimen nazi.

Cuando las libertades humanas, fueron arrebatadas por el devastador nazismo, miles de familias judías y otras minorías sociales fueron expropiadas, para posteriormente ser confinadas en lúgubres campos de concentración.

Lamentablemente Frankl y su familia, corrieron la misma fatídica suerte, al ser forzados a servir como esclavos en distintos campos de concentración, de entre los cuales todos, con excepción de Frankl, eventualmente desaparecieron.

Totalmente separado de su núcleo familiar, Frankl fue internado en el campo de concentración de Auschwitz. Allí, el psicólogo llegó a encontrarse acompañado de miles de compatriotas vilmente torturados y vilipendiados, ante el mundo de terror y tortura humana que se cernía sobre la humanidad que le rodeaba.

Es allí, como aquel psicólogo haciendo un esfuerzo sobrehumano del ejercicio de su racionalidad, se plantea y redescubre la esencia del sufrimiento y el cómo éste puede o no aportar algo ante la búsqueda de sentido en la existencia humana.

Pues luego de observar en su entorno, a miles de seres humanos que cohabitaban en Auschwitz, sometidos a bajezas y sufrimientos inenarrables, extrajo la mítica conclusión, que principalmente coexistían dos tipos de visiones en aquellas personas, las que perdían las esperanzas y se dejaban morir, y en contraparte, en ínfima cantidad, aquellas personas que se aferraban aún a la vida, a través de algún tipo de esperanza, como el deseo de reencontrarse fuera de allí, con su familia. Es decir, aquellas en las que el sentido de sus vidas aun no se había extraviado de su psique.

Frankl observó que este último y minoritario grupo de personas, habían decidido sobrevivir a las miles de penurias y miserias, aferrándose a aquello que aún les proporcionaba algún sentido y propósito para sus vidas, independientemente de las horrorosas circunstancias que les rodearan.

Es por esta razón, que posteriormente en sus memorias, narra como él mismo, decidió un día, como parte del sentido y propósito de su vida, no rendirse jamás y con también decidió, que su experiencia personal podría llegar a ser un ejemplo para la humanidad, es decir un ejemplo de decisión ante cualquier tipo de circunstancias, sin importar, cuán graves, dolorosas o raras resulten ser las mismas ante nuestras vidas.

Frankl con su ejemplo, se decidió a demostrar que era posible soportar la interminable espera, hasta que la luz venza a la oscuridad.

Es por ello, que una vez los Aliados, lograron liberar a todos los confinados en Auschwitz y demás salas de torturas nazis, Viktor Frankl cumplió la valiente promesa hecha a sí mismo, y decidió dedicarse totalmente a rehacer su vida, soltando el pasado y consolidar aquel propósito que lo aferró a la vida.

Se decidió ferozmente a aferrarse en aquel nuevo sistemas de creencias personales que había consolidado en Auschwitz, y fuera del mismo, decidió no caer en ningún tipo de victimismo, desolación de los recuerdos y de aquella grotesca sensación de fatalidad que podría haber destruido su psique, mas allá de los muros del campamento nazi.

Su legado y heroicidad humana, intelectual y afectiva, perdurarán más allá de su existencia, dado que hoy por hoy, la psicología clínica se nutre de sus enseñanzas y aplicaciones en facultades de Psicología y en procesos psicoterapéuticos.

Por lo tanto, a través de la visión de Frankl, no tendamos a autoevaluarnos sólo en función a nuestros éxitos y fracasos, sino que primeramente el reto residirá en saber encontrar nuestro propio sentido o propósito de existencia, aún más allá de nuestras circunstancias, para de que a partir de aquel punto de inflexión, seamos capaces de movernos hacia nuestro desarrollo personal.

De esta manera, siempre podremos reinventarnos una y otra vez, buscando incesantemente, avanzar hacia aquel punto ciego en nuestro propio horizonte personal, denominado experiencia de vida.

Recordemos que indistintamente cuales sean las bases de nuestra experiencia de vida provenientes de nuestro pasado, siempre podremos hacer cambios positivos, graduales y sistemáticos en nuestra psique, todo ello, quizás hasta el mismo día en que dejemos de existir, sin necesidad de ser presos en nuestra prisión mental.

Gracias por leerme una semana más, nos volveremos a encontrar Dios mediante en un próximo artículo. Éxitos!!

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Dr. Jorge Alex Pedraza Medina

Autor desde:  8 octubre, 2017

Psicoterapia orientada hacia niños, adolescentes y adultos con enfoque Humanista Integrativo, 15 años de experiencia a nivel Prevención, Diagnóstico e Intervención Clínica.

Psicólogo Clínico para BISA SEGUROS S.A.
Psicólogo Clínico para NACIONAL SEGUROS VIDA Y SALUD S.A.
Psicólogo Clínico para ALIANZA Grupo Asegurador